PRINCIPALES PATOLOGÍAS EN LA HELICICULTURA.

PARASITOSIS POR RICCARDOELLA LIMACUM.


En la helicicultura, al igual que en los demás sectores de las producciones animales, la aparición de diferentes procesos patológicos repercute, de forma directa o indirecta, en la rentabilidad productiva y económica. Las diferentes patologías que pueden llegar a afectar a los caracoles terrestres causan importantes pérdidas económicas, reduciendo la rentabilidad de la explotación entre un 40-60%.

Los caracoles terrestres soportan una serie de riesgos por no estar en estado silvestre, es decir causados por el paso desde la naturaleza a los sistemas de cría en cautividad. Hay situaciones adversas que el caracol sufre con mucha frecuencia debido al manejo del mismo por el helicicultor. Un ejemplo claro es el hacinamiento, es decir no respetar las densidades recomendadas de cría. La masificación provoca la transmisión rápida de enfermedades, parásitos, hongos, etc. La falta de limpieza en sitios muy reducidos hace que el caracol al transitar por espacios impregnados de baba se coma la suya propia cuyas enzimas le perjudicarán seriamente, la mala climatización con alteraciones bruscas de frío y calor o humedad o sequedad, o incluso el cambio de lugar, que debe empezar a reconocer el caracol, le provocan una situación constante de estrés que debilita las defensas y disminuye los rendimientos de la población.

De esta manera en condiciones de estrés continuado los caracoles van a ser muy sensibles a las diferentes enfermedades y reducen de manera significativa el consumo de pienso ya que el estrés les causa un cierto grado de apatía e inapetencia. Esta menor ingesta de alimento implicará caracoles más débiles y con menor índice de conversión, es decir empeorará la transformación de pienso en gramos de peso.

Dentro de las enfermedades parasitarias destaca la existencia de ácaros parásitos que viven sobre los caracoles terrestres y las babosas. Siempre se supuso que estos parásitos vivían alimentándose del líquido circulatorio de los moluscos, pero esto no fue demostrado de manera fidedigna hasta hace pocos años; Baker (1970) encuentra las primeras evidencias al estudiar en detalle las alteraciones que presentaba el epitelio respiratorio (pseudopulmón) de caracoles afectados por ácaros pero la demostración definitiva de este hecho se debe a Graham (1994), De este modo en el año 1994, este autor establece de forma definitiva que el ácaro que parasita a Helix aspersa es Riccardoella limacum, (fig.1) puesto que hasta entonces existía controversia en lo referente a la identificación de este este parásito.

Fig 1: Ricardoella limacum (4x)

Se le conoce con el nombre de ácaro de las babosas, ya que parasita sobre todo a babosas y caracoles, existiendo más de 31 especies, en las cuales se ha encontrado este ácaro. Es un ácaro de menos de 0,4 mm de longitud de color blanco, se alimenta y reproduce en el interior del pseudopulmón del caracol, pero presenta una movilidad que le permite entrar y salir del pulmón a través del orificio respiratorio e incluso pasar de un caracol a otro. Cuando su número es elevado se puede observar a simple vista en el cuerpo del caracol.

Vive en la naturaleza sin ocasionar problemas a los caracoles, pero una vez entra en nuestras instalaciones, con la temperatura y humedad relativa idónea se reproduce rápido. En estas condiciones favorables, las hembras del ácaro ponen huevos de forma continua, eclosionando a los 8-12 días. Durante la hibernación del caracol los huevos no eclosionan, permanecen en el pulmón en estado latente para eclosionar durante el siguiente periodo de actividad de los caracoles. La mayor parte de los ácaros adultos, ninfas y larvas mueren durante la hibernación, pero la infestación puede persistir debido a la resistencia de los huevos.

Algunas investigaciones pusieron de manifiesto los daños que le ocasiona al caracol:

  • Estado de letargo, los caracoles permanecen quietos varios días sin alimentarse y sin actividad.
  • Caparazones sin brillo, con pigmentación débil, muy frágiles y con aspecto irregular como consecuencia de frecuentes rupturas y reparaciones. No son capaces de formar el labio de la concha.
  • Tasa de crecimiento muy reducida. El aparato genital apenas se desarrolla y no son capaces de reproducirse adecuadamente.
  • El epitelio respiratorio de los caracoles presenta zonas amplias en las que está fuertemente engruesado, como consecuencia de procesos inflamatorios y cicatrices procedentes de la reparación tisular.

Es de destacar el daño que produce el ácaro sobre el epitelio respiratorio; al desplazarse y fijarse en este epitelio el ácaro produce en el caracol reacciones inflamatorias o alérgicas creando una gran inflamación del tejido pulmonar, reduciéndose enormemente la superficie útil para el intercambio de gases y por lo tanto la capacidad para obtener oxígeno.

Otro efecto que causa en el molusco está producido al alimentarse del líquido circulatorio del caracol. El ácaro produce una pérdida continua de hemocianina, la proteína responsable de transportar el oxígeno a todos los tejidos del caracol. La saliva del ácaro también posee un efecto tóxico sobre el molusco.

La transmisión de un caracol a otro se produce de una forma lenta pero progresiva. Los caracoles pueden contagiarse solamente por proximidad, es decir, los ácaros adultos pueden pasar de caracoles enfermos a otros sanos que se encuentren a una distancia corta. Otra forma de contagio sería a través de utensilios, en comederos, bebederos... o incluso por la ropa del criador. Este proceso viene durando de 6 a 8 meses, y ocurre por lo general cuando el número de ácaros por caracol supera los cien.

A pesar de los daños causados la presencia del parásito no es suficiente por si sola para ocasionar la muerte de los caracoles, pero les causa una serie de alteraciones y un estado de debilidad, siendo muy vulnerable a la infección por Pseudomonas aeroginosa.

Para evitar esta parasitosis resulta básico aplicar unas buenas pautas de prevención sobre todo cuando se introducen caracoles de la naturaleza para la reproducción. Estos caracoles se deben someter a un periodo de cuarentena, observando si presentan el ácaro o no antes de introducirlos en nuestras instalaciones. No debemos olvidar tampoco que las babosas pueden introducir el ácaro.

Hasta la actualidad no se conoce ningún tratamiento farmacológico que permita eliminar de forma efectiva estos parásitos sin que tenga efectos nocivos para el caracol o para su posterior consumo, por lo que la mejor forma de luchar contra ellos es mediante la prevención, evitando que este parásito entre en nuestros parques de engorde. Se está ensayando con hibernaciones controladas y con lucha biológica mediante otro ácaro llamado Hypoaspis millas.


BIBLIOGRAFÍA:

BAKER, R.A. 1970. The food of Riccardoella limacum and it´s relationship with pulmonate mollusc. Journal of Natural History, 4: 521-530.

CUÉLLAR, R., CUÉLLAR, L. y PÉREZ, T. 1985. Helicicultura. Cría moderna de caracoles. Ediciones Mundi-Prensa, Madrid.

FONTANILLAS, J.C. 1988. La acariosis. Una grave enfermedad de los caracoles. Hojas divulgadoras del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, nº 16/88.

FONTANILLAS, J.C., GARCÍA-CUENCA ARIATI, I., 2002. El caracol y la helicicultura. Mundi Prensa Libros S.A.

GRAHAM, F.J. 1994. The biology and control of Riccardoella limacum a mite pest of farmed snail. Tesis Doctoral, Universidad de Gales.

HAEUSSLER EM, PIZÁ J, SCHMERA D, BAUR B. 2012. Intensity of parasitic mite infection decreases with hibernation duration of the host snail. Parasitology.139(8):1038-44.

SEGADE P, GARCÍA-ESTÉVEZ J, ARIAS C, IGLESIAS R. 2013. Parasitic infections in mixed system-based heliciculture farms: dynamics and key epidemiological factors. Parasitology. 140(4):482-97.